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«El fascismo no vuelve con el mismo uniforme: lo hace a través del entretenimiento, del espectáculo y de la estupidez»

Conversamos con Paul McCarthy a propósito de A&E, su nueva exposición en la galería de SOLO CSV, Bowman Hal, que podrá visitarse a partir de marzo, en una reflexión sobre la cultura pop, lo grotesco, el poder y el espectáculo político.

Paul McCarthy el pasado mes de noviembre en SOLO CSV. / Aritz Merino (SOLO).

Su obra está situada en un lugar donde la violencia se disfraza de entretenimiento y lo grotesco revela lo político. Entre el bufón y el monstruo, McCarthy convierte los mitos modernos en escenas incómodas, absurdas y peligrosamente familiares. Esta entrevista es una inmersión directa en ese territorio sin red.

Del 6 de marzo al 16 de mayo podrá verse su nueva exposición A&E Adolf/Adam & Eva/Eve. Drawing Sessions 2020 – 2022 with Lilith Stangenberg en Bowman Hal, SOLO CSV. La muestra reúne una serie de obras pertenecientes a su proyecto A&E, centrado en su exploración continuada de las figuras desafiantes de Adolf y Eva, una serie en curso que entrelaza mito, historia y cultura popular contemporánea. Esta exposición de dibujos prolonga el enfoque singular de McCarthy a la hora de diseccionar los iconos de la cultura moderna —lo grotesco y lo absurdo— al tiempo que plantea una reflexión crítica sobre las fuerzas sociales que han configurado, y siguen configurando, nuestro mundo.

A través de un proceso de improvisación y performance, McCarthy y Stangenberg encarnan a Adolf Hitler/Adán y Eva Braun/Eva/Marilyn Monroe, o, de forma más amplia, los arquetipos del “mal” y la “pureza” dentro de un marco cultural expandido. Estas sesiones se desarrollaron a lo largo de varios años, entre 2019 y 2022, y difuminan las fronteras entre performance, dibujo y relato histórico.

En esta entrevista, McCarthy profundiza en los fundamentos conceptuales de A&E, aborda su colaboración continuada con Lilith Stangenberg y las complejas herencias de los personajes que interpretan, reflexiona sobre el papel de lo grotesco en su trabajo y sobre las formas cambiantes en las que su práctica artística se relaciona con el paisaje político y cultural contemporáneo. Plantea la necesidad de un arte crítico hoy, cómo las prácticas artísticas contemporáneas pueden desafiar las narrativas dominadas por el espectáculo reaccionario en la sociedad actual.

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A&E se ha descrito como algo que no es ni una reconstrucción histórica ni un gesto superficial, sino un amalgama que remite a Adolf y Eva, a Adán y Eva, también a Arts & Entertainment. Me interesa saber cómo opera esa yuxtaposición dentro del proyecto y qué papel desempeña la ambigüedad histórica en tu trabajo actual. ¿Cómo se articulan para ti, dentro de una misma obra, capas como un mito originario, el fascismo o la cultura pop?

Hoy todo existe dentro de la cultura pop. Y cuando hablamos de lo pop no hablamos sólo de Warhol o de la Historia del Arte. Hablamos de hamburguesas, de Disneyland, de la América (Estados Unidos) profunda, de la televisión, de la publicidad. Es el entorno en el que vivimos. La política ya no está fuera de eso: funciona desde dentro.

Mira a Trump. Es una imagen pop. El pelo, la gorra roja, la corbata roja, la comida rápida. Todo ello opera del mismo modo que los personajes de dibujos animados o los logotipos de grandes marcas. La política se convierte en un alud de entretenimiento, y el entretenimiento se convierte en política. Nosotros simplemente nos sentamos a mirarlo. Esa condición lo infecta todo. A mí me infecta. El trabajo surge de esa infección. Las imágenes ya están dentro de nosotros antes incluso de que hagamos nada.

Con Adolf y Eva, con Adán y Eva, no me interesaba la exactitud histórica. No son monumentos. Son bufones. Bufones pop. Son imágenes, lenguajes. Esto es importante, porque el fascismo hoy no es el horror en blanco y negro de las películas de la Segunda Guerra Mundial. Tiene que ver con la estupidez; con lo estúpido, lo grotesco, lo ridículo. Esa fealdad, esa banalidad, es lo que le permite sobrevivir. En esa estrategia, las poblaciones son intercambiables. Para ellos, para los bufones, todo es una cuestión de números.

Cuando asumes lo que has llamado un «Hitler americano», y Lilith Stangenberg aporta su propia presencia a Eva, las figuras parecen históricas pero también ficticias y performativas. ¿Dónde termina la Historia y empieza algo más cercano a una fábula crítica?

Esas líneas ya no existen realmente. Nos gusta pensar que la Historia se queda en el pasado, pero no es así. Vuelve una y otra vez a través de las imágenes, de la fantasía, de la cultura popular.

Imaginamos polaridades claras —Adolf y Eva por un lado, Adán y Eva por otro. El mal y la pureza—. Pero cuando encarnamos a estos personajes ocupamos ambos espacios al mismo tiempo. Esa contradicción es lo que me interesa. Somos horribles y juguetones entre nosotros. En las performances de vídeo de A&E, Adolf/Adán es un bufón borracho, juguetón, que puede volverse cruel. Como pareja están fuera de la norma: la pregunta es por qué están juntos. Padre e hija, la diferencia de edad… todo resulta problemático. Creo que A&E es una imagen tanto de la tragedia humana como de la liberación.

Estas figuras no están lejos. No están resueltas. Siguen reapareciendo bajo nuevas formas. El fascismo no vuelve con el mismo uniforme: vuelve a través del entretenimiento, a través del espectáculo.

También hay algo importante en la inversión de roles. Lilith es alemana y se convierte en Marilyn Monroe, una fantasía americana, una Eva hollywoodiense. Y yo soy el bufón fascista americano, adopto una figura cercana a Adolf. Ese cruce refleja la cultura en la que vivimos ahora, donde el fascismo no es algo extranjero ni histórico: es interno, está en el propio gobierno de Estados Unidos.

Detalle de Paul McCarthy (b. 1945), A&E, CAT PUSS Santa Anita session, 2020. / © Paul McCarthy. Cortesía del artista y Hauser & Wirth. Foto: Hauser & Wirth.

Tu obra se ha descrito durante mucho tiempo como una investigación de lo grotesco, lo abyecto y el exceso corporal. ¿Cómo entiendes la relación entre lo deforme, el cuerpo y la violencia política?

Lo grotesco es físico. Forma parte del mundo. Para mí, lo abyecto es residuo. Es lo que queda después de la violencia, después de que el poder actúe sobre los cuerpos. Por eso siempre está vinculado a la carne, a los fluidos, al desorden. Es material.

Hoy lo grotesco convive con el bufón, y eso es crucial. El poder, actualmente, a menudo tiene un aspecto ridículo, infantil, caricaturesco, pero la violencia es real. Esas dos cosas operan juntas. Cuando miras situaciones reales —la guerra, el desplazamiento, el genocidio—, lo grotesco no está exagerado. Ya está ahí. El trabajo no añade fealdad al mundo: responde a ella.

En una cultura saturada de imágenes, redes sociales y estímulos constantes, ¿cómo puede el arte seguir funcionando de manera crítica sin convertirse en una forma más de espectáculo?

Las redes sociales ya casi no tienen relación con la verdad. Son una avalancha de imágenes. Vivimos dentro de la confusión, y esa confusión se normaliza. El trabajo no intenta escapar de eso. Lo refleja. Lucha dentro de ello. Las redes sociales son, en sí mismas, una especie de manta de absurdo.

No pienso en la provocación como un objetivo. Hago lo que siento que es necesario, lo que sale de mí. A veces parece provocador, a veces no. La provocación tiene que ver con quién mira y con quién es esa persona.

Imagen fija del vídeo-performance Paul McCarthy and Lilith Stangenberg in A&E, Adolf & Eva / Adam & Eve, Mother, 2022/2025. / © Paul McCarthy. Courtesy of the artist and Hauser & Wirth. Foto: Alex Stevens.

¿Qué fue lo que, específicamente, hizo que A&E te pareciera el proyecto adecuado?

Empezó con imágenes. Una cosa llevó a otra. Adolf y Eva llevaron a Adán y Eva. Tener esas polaridades una junto a la otra resultaba justo. No fue un concepto planificado desde el principio: fue evolucionando. Los personajes de Adolf/Adán y Eva/Eva parecían cargados, saturados, críticos para la vida en ese momento. Lilith transformó su Eva/Eva en una Marilyn. Ser una pareja anómala parecía un terreno al que entrar. Ya no había vuelta atrás.

El proyecto A&E creció a partir de una colaboración anterior con Lilith. A menudo una obra abre la puerta a la siguiente. Las sesiones de dibujo se desarrollaron en paralelo a las performances de vídeo extendidas de A&E, para las que escribí guiones como un esqueleto para la improvisación. Pero las sesiones de dibujo no estaban guionizadas. No planificábamos resultados. Trabajábamos en personaje, sobre una gran plataforma de madera, como un escenario.

Las sesiones de dibujo son un enredo. Dos cuerpos, dos personajes. Cada vez que lo hacíamos, los dibujos cambiaban y los personajes se desplazaban.

¿Cómo influyó trabajar con Lilith Stangenberg en A&E?

Esta práctica surgió de una conversación. No fue algo que yo inventara y luego le pidiera a ella que habitara. La idea original de A&E apareció durante una conversación entre los dos, el último día que trabajamos en NV, Night Vater. Después pasé alrededor de un año trabajando en un guion. Durante ese tiempo fuimos acumulando ideas e imágenes.

Su presencia cambia el trabajo. Introduce otra agencia, otra inteligencia. El significado no está fijado: se produce en la interacción. Durante la sesión de dibujo, Lilith hace lo que quiere, se pone lo que quiere. Como artista, está constantemente intentando encontrar imágenes con sentido, y yo observo cómo sucede. Nunca hablamos de lo que vamos a hacer. Simplemente empieza. Me encuentro atrapado, perdido en una acción, dibujando. Estoy dentro del dibujo. Lo pienso como un estado de concentración o de trance. Es una interacción fluida entre nosotros, un espacio alternativo. Los dibujos y las acciones llegan a una conclusión, a un final.

Paul McCarthy, A&E, POZZZY,  Santa Anita session 2021. / © Paul McCarthy. Cortesía del artista y Hauser & Wirth. Foto: Hauser & Wirth.

Dado el clima político y cultural, ¿cómo ves el papel del arte en la actualidad?

Puede que el arte sea ahora más necesario que nunca. Es una forma de ver y de sentir la situación en la que estamos. La verdadera amenaza no es la supuesta irrelevancia, sino el miedo. El miedo limita la libertad. Y sin libertad no hay crítica. El propio mundo del arte contribuye a esto cuando convierte el arte en decoración, en mercancía, en marca. Tiene que existir la libertad para dejar que algo emerja; no puedes restringirlo.

El arte, en mi mundo, es una manera de dar forma a lo que es. Es un acto de resistencia. Las formas cambiarán. Las herramientas cambiarán. Los artistas pueden usar tecnología o no, eso no es lo importante. Lo que importa es el valor de mirar de frente hacia dónde se dirige el mundo. La lucha dentro del absurdo.

Después de una trayectoria tan larga, ¿cómo piensas hoy la responsabilidad y la libertad en tu trabajo?

Hago lo que hago. Una cosa lleva a la siguiente. Así es como sucede el trabajo.

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