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«Los espacios culturales no se definen por su programación, sino por las relaciones que son capaces de generar»
Entrevistamos a Javier Martín-Jiménez, director de Infinito Delicias desde su apertura hace apenas unos meses, para conversar sobre el presente y el futuro de la institución.

Javier Martín-Jiménez (detalle), director de Infinito Delicias. / © Deebo Barreiro, 2026. Cortesía de Infinito Delicias.
Un día cualquiera en el barrio de Delicias, dentro de un mismo edificio ocurren a la vez cosas que no suelen compartir techo. En el restaurante UNMAR alguien come un plato mediterráneo hecho solo con producto de temporada mientras, a pocos metros, en las gradas del patio, una instalación artística lo observa todo. En una sala se graba un podcast sobre recetas y memorias de la migración; en otra, un grupo aprende a montar un huerto doméstico; más allá, termina una conferencia y alguien baja a la librería a comprarse un libro. Nada de esto está separado por casualidad: Infinito Delicias, el Centro de Cultura Contemporánea y Participación Ciudadana que la Fundación Daniel y Nina Carasso abrió en diciembre de 2025, se concibió precisamente para que esas escenas se rocen.
Detrás hay una convicción sencilla y algo incómoda para el sector: un espacio cultural no vale tanto por lo que programa como por las relaciones que es capaz de generar entre quienes lo cruzan. En un antiguo taller industrial rehabilitado —con su patio y sus escaleras exteriores convertidos en una corrala del siglo XXI, sus muebles fabricados con la madera sobrante del propio edificio—, arte y alimentación funcionan como dos lenguajes de lo mismo: maneras de hablar de memoria, territorio, salud y comunidad. Conversamos con Javier Martín-Jiménez sobre hibridación, barrio, sostenibilidad y esa apuesta, tan poco de nuestro tiempo, por sembrar ahora para recoger después.