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«No queremos simplemente traer historias del mundo a Santander; queremos investigar las que nacieron aquí y ponerlas en relación con el mundo»

El director de Faro Santander conversa sobre la apertura del nuevo centro, el rescate de un óleo inédito de Leonora Carrington y una idea de museo enraizada en Cantabria.

Daniel Vega, director de Faro Santander, en el interior del museo. / © Belén de Benito, 2026. Faro Santander.

En 1940, al abandonar el sanatorio santanderino del doctor Luis Morales, Leonora Carrington dejó en manos de su médico un óleo dedicado con el título de Villa Pilar. La pintura permaneció más de ocho décadas en la intimidad de la familia y hasta ahora nunca había sido expuesta ni publicada. Reaparece esta temporada en la misma ciudad que la vio pintar, dentro del centro cultural que ocupa la antigua sede del Banco Santander.

Faro Santander abre sus puertas en ese edificio histórico, hermético durante décadas, hoy transformado por David Chipperfield en un espacio cívico que la ciudadanía puede atravesar y hacer propio. Su director, Daniel Vega Pérez de Arlucea, llega desde el Guggenheim Bilbao con una convicción que atraviesa toda la conversación: la dimensión internacional de una institución cultural adquiere pleno sentido cuando resulta significativa para quienes viven cerca. Bajo esa idea conviven la Colección Banco Santander, con casi cinco siglos de historia, la primera colaboración del centro con el Freud Museum de Londres y un recorrido que arranca reconociendo a los creadores de Cantabria.

El proyecto propone una manera de habitar el arte que enraíza lo global en lo local y que aspira a convertirse en presencia cotidiana para la ciudad. Lo demuestra la voluntad de rescatar una memoria artística velada durante generaciones y de releer desde el presente un patrimonio reunido a lo largo de más de ciento sesenta años. Conversamos con Daniel Vega sobre todo ello.

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¿Qué significa, simbólica y museográficamente, convertir la «caja fuerte» de una entidad financiera en un espacio cívico abierto? ¿Qué gesto de Chipperfield resume mejor esa inversión de sentido?

Creo que esa transformación es uno de los aspectos más poderosos de Faro. Estamos hablando de un edificio que durante décadas tuvo un carácter institucional y fundamentalmente privado y que ahora se abre a la ciudad. No es únicamente un cambio de uso arquitectónico; tiene también una dimensión simbólica muy importante.

Si tuviera que elegir un gesto de David Chipperfield que lo resume, sería el gran arco central. Históricamente era uno de los elementos más reconocibles del edificio, pero la intervención lo convierte en su eje vertebrador. La circulación interior se hace visible a través de él y los accesos se sitúan bajo el propio arco, reforzando esa idea de permeabilidad. Lo que antes se contemplaba fundamentalmente desde fuera ahora se puede atravesar, recorrer y hacer propio. 

Me interesa mucho esa idea porque tiene que ver con nuestra manera de entender Faro: no queremos crear un lugar que simplemente se visite, sino un espacio que se viva. Un lugar abierto, cercano y accesible, que forme parte de la vida de la ciudad.

Vista exterior de Faro Santander. / © Belén de Benito, 2026. Cortesía de Faro Santander.

Al pasar de la lógica corporativa a la museística, ¿qué obras soprenden más? ¿Cómo se evita que una colección de entidades absorbidas parezca un inventario fragmentado y no un discurso coherente?

Precisamente una de las cosas más interesantes de la Colección es que no nació en un único momento ni responde a una sola mirada curatorial. Es el resultado de más de 160 años de coleccionismo y, en cierto modo, constituye también un registro material de la propia historia de la institución. Eso explica su enorme diversidad, desde los maestros antiguos y el peso de la tradición barroca española hasta el arte moderno y la creación contemporánea. 

Precisamente esa heterogeneidad es la que queremos poner en valor en la presentación inaugural. Una colección está viva cuando somos capaces de volver a mirarla, establecer nuevas relaciones y formularle nuevas preguntas.

En Obras Maestras de la Colección Banco Santander, su comisaria María Dolores Jiménez-Blanco propone un recorrido que atraviesa casi cinco siglos y que hace convivir artistas y épocas muy diferentes. 

Personalmente, una de las cosas que más me interesa es justamente lo que ocurre cuando esas obras vuelven a encontrarse. Ver una obra histórica de otra manera ya que al situarse en diálogo con una pieza contemporánea —y viceversa— puede transformar nuestra percepción de ambas.

La muestra inaugural se articula en cuatro ejes temáticos, en lugar de un recorrido cronológico. ¿Por qué esta apuesta transversal que hace dialogar a Tiziano con Barceló o a Canaletto con Cristina Iglesias?

Queríamos evitar que la Colección se leyera simplemente como una sucesión de fechas, estilos y nombres. Su riqueza permite hacer algo mucho más interesante: establecer conversaciones entre obras separadas incluso por varios siglos.

Los cuatro ámbitos —Historias sagradas; Lugares y paisajes; Las cosas: bodegones y naturalezas muertas; y Retratos, tipos, figuras— permiten abordar cuestiones que atraviesan toda la historia del arte: nuestra relación con lo espiritual, con la naturaleza, con los objetos o con nuestra propia representación. 

Por eso puede tener sentido que Alonso Cano dialogue con Gustavo Tomar o que un bodegón barroco encuentre ecos inesperados en una obra de Miquel Barceló. No pretendemos borrar las diferencias históricas; al contrario, el diálogo permite hacerlas visibles de otra manera.

Para mí ahí está una de las funciones más interesantes de Faro: no ofrecer únicamente respuestas cerradas, sino crear condiciones para mirar de nuevo.

Vista interior de Faro Santander. / © Belén de Benito, 2026. Cortesía de Faro Santander.

La crítica ha señalado el predominio masculino en la Colección Banco Santander. ¿Contempla Faro corregir este desequilibrio desde las adquisiciones y temporales?

Somos conscientes de ese desequilibrio. La Colección Banco Santander es el resultado de más de 160 años de coleccionismo y refleja también las circunstancias y ausencias de cada época. Una de las oportunidades que nos ofrece Faro es precisamente releerla desde el presente, investigar esas ausencias e incorporar nuevas perspectivas. 

La reciente adquisición de Fillette assise dans la salle aux bancs, de María Blanchard, es un buen ejemplo. No se incorpora únicamente para corregir una ausencia de mujeres artistas, sino porque Blanchard ocupa por derecho propio un lugar fundamental en el arte español y europeo del siglo XX. Y, al mismo tiempo, su presencia refuerza la representación femenina y conecta dos dimensiones esenciales para nosotros: Santander y Cantabria y una clara vocación internacional.

Creo que ese es el camino: enriquecer la Colección desde la calidad, la investigación y nuevas miradas, y seguir interrogando también las obras que ya forman parte de ella.

Leonora Carrington, [atrib] Villa Pilar, 1940. Óleo sobre lienzo. / © Nathan Keay, 2026. Estate of Leonora Carrington, VEGAP, Santander.

¿Cómo llegó el equipo de Faro al óleo inédito Villa Pilar, de la familia Morales, y qué responsabilidad ética implica exhibir una obra nacida de un internamiento psiquiátrico traumático?

La recuperación de Villa Pilar es uno de esos momentos en los que la investigación transforma realmente un proyecto expositivo. Sabíamos que durante su estancia en Santander Carrington había realizado Down Below, numerosos dibujos y otro óleo, supuestamente en propiedad de la familia pero esta última obra nunca había sido expuesta ni publicada.

La investigación del equipo de Faro permitió localizar el lienzo. Carrington había dedicado y regalado Villa Pilar a su médico cuando abandonó el sanatorio y había permanecido durante décadas en manos de la familia Morales. Su propietaria ha permitido ahora, con gran generosidad, que salga por primera vez a la luz pública. 

Para mí, su recuperación no es solamente un descubrimiento material. Nos permite reivindicar una memoria artística y emocional que había permanecido velada y comprender mejor un momento decisivo de la trayectoria de Carrington.

Pero precisamente por las circunstancias en las que estas obras fueron creadas debemos acercarnos a ellas con enorme cuidado. De ninguna manera convertir el sufrimiento de Carrington en espectáculo. Nuestra mirada está puesta en artista, su obra y su relato. Las pinturas, los dibujos y Memorias de abajo son también formas mediante las cuales ella asimiló y transformó aquella experiencia.

Exponer por primera vez juntas Villa Pilar y Down Below en Santander significa reconocer un momento clave de su biografía profundamente enraizado en esta ciudad.

El surrealismo sintomático, primera colaboración internacional tras su paso por el Freud Museum de Londres, ¿qué aporta el diálogo entre los dibujos de los cuadernos de Santander y las antigüedades egipcias de Freud —Osiris, Anubis—?

La exposición parte de una idea especialmente sugerente. Carrington describió aquel periodo de su vida como down below, “allá abajo”, y llegó a compararlo con la experiencia de estar muerta. Esa imagen del sanatorio como una suerte de inframundo se convierte en uno de los hilos de la exposición.

En ese contexto, las antigüedades que Freud conservaba en su estudio —entre ellas representaciones de Osiris y Anubis vinculadas al mundo de los muertos y al tránsito hacia el más allá— generan una conversación muy potente con los dibujos y las pinturas de Carrington. 

No se trata de establecer una interpretación única ni de diagnosticar retrospectivamente su obra. Al contrario: nos interesa mostrar la riqueza del universo simbólico que Carrington construye a partir de la mitología, la alquimia, el ocultismo y su propia experiencia.

Además, esta exposición representa muy bien cómo queremos trabajar en Faro. Parte de una historia profundamente local —lo que le ocurrió a Carrington en Santander en 1940— y, gracias a la investigación y a la colaboración con una institución como el Freud Museum, la conecta con una conversación internacional.

El sanatorio del Dr. Morales estuvo donde hoy está el Parque de la Vaca, donde Faro proyecta un «Paseo Sonoro» y una pieza teatral. ¿Cómo activar la memoria de un lugar desaparecido y revelar esa capa oculta de la ciudad?

Precisamente ahí la mediación adquiere todo su sentido. Un museo no tiene por qué terminar en sus paredes. El sanatorio ya no existe, pero el lugar permanece y la historia también. El Paseo Sonoro por el Parque de la Vaca permite volver físicamente al espacio en el que estuvo Carrington y activar esa memoria desde el presente. A ello se suma una pieza teatral sobre su internamiento y una programación con voces académicas y artísticas que amplía las formas de aproximarnos a aquella experiencia. 

Me interesa especialmente que los ciudadanos puedan descubrir que un lugar cotidiano de Santander contiene una historia de relevancia internacional que quizá desconocían.

Esa conexión entre arte, investigación, memoria y territorio es muy importante para Faro. No queremos simplemente traer historias del mundo a Santander; también queremos investigar las historias que nacieron aquí y ponerlas en relación con el mundo.

Vista de la exposición México Moderno en la Colección Gelman Santander. / © Belén de Benito, 2026. Cortesía de Faro Santander.

La salida de México de las obras de Frida Kahlo de la Colección Gelman ha reabierto el debate sobre identidad y pertenencia. ¿Cómo entiende Faro su responsabilidad como custodio de un patrimonio tan significativo para otro país?

Creo que lo primero es aproximarse a una colección de esta importancia con respeto y siendo plenamente conscientes de su significado cultural.

La Colección Gelman constituye uno de los conjuntos fundamentales para comprender la modernidad mexicana. Reunida durante cinco décadas por Jacques y Natasha Gelman, permite aproximarse a esa modernidad desde una perspectiva plural: están los grandes muralistas, pero también artistas que desarrollaron otros caminos, y por supuesto una presencia extraordinaria de Frida Kahlo. 

Nuestra responsabilidad es conservar, estudiar y compartir ese patrimonio con el máximo rigor. La exposición está comisariada por Marisol Argüelles, directora del Museo de Arte Moderno de México, y la programación asociada se desarrolla también en colaboración con Fundación Casa de México y el Instituto Cultural de México en España.

Vista de la renovación de la sede histórica del Banco Santander. / © Juan Baraja, 2025. Cortesía de Faro Santander.

¿Qué lugar propio viene a ocupar Faro y qué ofrece a la ciudad? ¿Cómo se traduce su vocación de proximidad en la vida cotidiana, más allá del visitante de temporada?

Santander cuenta ya con un ecosistema cultural extraordinariamente rico. Nosotros no entendemos Faro como un proyecto aislado ni como un espacio que venga a competir con lo que ya existe. Queremos sumar: aportar nuevos públicos, nuevas posibilidades y nuevas conexiones. 

Quizá nuestra singularidad esté precisamente en la combinación. Faro reúne un edificio extraordinario, la Colección Banco Santander, tecnología, exposiciones temporales internacionales, educación, programas públicos y espacios de participación.

Pero para mí lo verdaderamente importante es que eso tenga sentido para quien vive aquí. La dimensión internacional de una institución cultural solo es relevante si antes consigue ser significativa para las personas que tiene cerca. 

Por eso el recorrido comienza simbólicamente con Cantabria. Marisma está dedicado a los procesos creativos del territorio y arranca mostrando los cuatro proyectos seleccionados en nuestra primera convocatoria de Ayudas a la Creación. 

Y esa proximidad no se limita a una sala. Queremos que alguien pueda volver a Faro cada semana por razones distintas: una exposición, una película, música, una conversación, una actividad familiar, un proyecto tecnológico o simplemente encontrarse con otras personas. Si conseguimos que Faro se incorpore a la vida cultural cotidiana de Santander, habremos dado un paso fundamental.

Cuando Faro cumpla cinco años, ¿qué indicadores demostrarán su éxito más allá de los visitantes? ¿Qué debería haber aportado y qué exposición hoy imposible te gustaría haber producido?

Las cifras de visitantes son importantes, pero para mí el éxito de Faro no se puede medir únicamente por cuántas personas cruzan la puerta.

Dentro de cinco años me gustaría comprobar cuántas han vuelto. Si Faro se ha convertido en un lugar habitual para los ciudadanos de Santander y Cantabria; si una familia que llegó por primera vez a Llamita ha regresado después a una exposición; si alguien que vino a ver a Goya o a Frida Kahlo ha terminado descubriendo a un artista cántabro; si hemos generado conversaciones y experiencias que continúan fuera del edificio. Esa capacidad de construir una relación continuada con los públicos me parece fundamental. 

También miraría hacia el tejido cultural de Cantabria. Me gustaría que pudiéramos decir que Faro ha generado oportunidades para artistas y creadores, que Marisma y las Ayudas a la Creación han crecido, que hemos desarrollado proyectos junto a otras instituciones y agentes culturales y que algunas iniciativas nacidas aquí han podido viajar y establecer conexiones internacionales. Nuestra aspiración desde el principio es sumar y contribuir a reforzar Santander y Cantabria como territorio cultural. 

Y hay algo menos cuantificable que también me importa: la curiosidad. Si dentro de cinco años seguimos siendo capaces de sorprender, de hacernos preguntas y de conseguir que personas muy diferentes sientan que Faro es también suyo, creo que el proyecto estará cumpliendo su propósito.

Vista del Cubo Faro Santander. / © Belén de Benito, 2026. Cortesía de Faro Santander.

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