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Cezar Mocan transforma Basement en un satélite melancólico: así es ‘End of Signal’, el proyecto ganador del SOLO AI Award '25
Nos adentramos en el universo de Cezar Mocan para descubrir la exposición que acaba de habilitar el sótano de SOLO CSV.
Inaugurada el pasado 11 de junio, la exposición del artista rumano afincado en Lisboa sumerge al espectador en la mente de una inteligencia artificial incapaz de resolver un misterio. El sótano de SOLO CSV se desvela como un laboratorio inmersivo donde el fallo tecnológico se convierte en poesía y reflexión crítica.
Durante un eclipse solar, un lago tóxico en el sur de California desaparece repentinamente de las imágenes satelitales. Al amanecer, vuelve a estar ahí. Ante este evento imposible, se presenta una reclamación a una aseguradora por la «inexistencia temporal» del lugar. Los testimonios de los testigos no coinciden y los datos técnicos, tampoco. Este es el críptico y absorbente punto de partida de End of Signal, el proyecto con el que el artista y programador Cezar Mocan se ha alzado con el SOLO AI Award '25 y que ya puede visitarse en nuestro espacio de la Cuesta de San Vicente.
Para acoger una propuesta de esta envergadura, SOLO CSV ha desplegado por primera vez el potencial de su Basement, el sótano del espacio. El diseño expositivo ha transformado este área subterráneo en una suerte de ecosistema liminal. Mediante elementos desmontables e intervenciones precisas, las obras habitan el espacio con una naturalidad cruda y técnica. Las simulaciones se proyectan directamente a ras de suelo obligando al espectador a mirar hacia abajo, densas placas de aluminio impresas descansan sin peanas, y cartografías satelitales penden del techo sostenidas por cables de acero.
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Imágenes de “End of Signal”, de Cezar Mocan. / Cortesía de Onkaos.
La máquina frente a la incertidumbre.
Lejos de observar la tecnología desde una perspectiva exterior y distópica, Mocan, graduado en Ciencias de la Computación por Yale y con un máster en Telecomunicaciones Interactivas por la Universidad de Nueva York, obliga al público a habitar en primera persona el núcleo del sistema. La voz narrativa de la exposición pertenece a Argus, una constelación ficticia de setenta y dos satélites en órbita baja unidos por una única Inteligencia Artificial. Su misión es reconstruir la desaparición del lago antes de ser desmantelado.
Pero Argus fracasa. Atrapado frente a la anomalía, genera constantemente narrativas plausibles y coherentes por sí solas, pero mutuamente incompatibles entre sí. «Todo suele empezar con la semilla más diminuta. En este caso fue una pregunta muy simple: ¿qué pasaría si un satélite mintiera?», reflexiona Mocan. A través de este fracaso, el artista ataca directamente los cimientos de la modernidad y nuestra fe ciega en la infraestructura de observación. «La mirada desde arriba ha sido siempre un gesto de dominación, una posición de poder que a menudo se equipara con la objetividad, con "la mirada de Dios" que todo lo ve y todo lo sabe. Desafiar esa presunta objetividad me parecía fundamental».
El núcleo de este colapso cognitivo se materializa en A Field Guide to Orbital Melancholy, una simulación en tiempo real construida en Unreal Engine —el motor gráfico de videojuegos— que genera cortometrajes infinitos de unos 25 minutos. Cada ejecución es un intento desesperado del satélite por cerrar el caso.

Vista de sala de “End of Signal” en Basement, SOLO CSV.
Cuando el error crea ficciones.
Mocan articula en End of Signal una investigación rigurosa que entrelaza la arqueología de los medios con el llamado worldbuilding narrativo. Lo hace consciente de que nos asomamos a un cambio de paradigma. «El ordenador siempre ha sido visto como el dispositivo de cálculo objetivo por excelencia. Cuando era niño, mi profesor de programación me decía que la máquina era “el tonto perfecto”, que solo hacía exactamente lo que se le ordenaba», recuerda el artista. Sin embargo, la irrupción de modelos masivos de lenguaje y generación de imágenes ha difuminado esa línea, acercándonos a lo que en filosofía de la ciencia se llama infradeterminación: el momento en que existen múltiples explicaciones plausibles y competitivas para un mismo evento, y ninguna puede descartarse.
«Nosotros, como humanos, hemos estado produciendo ficciones durante toda nuestra historia», señala Mocan al analizar los grandes corpus de datos con los que se entrenan hoy en día estos sistemas. «Al crear estas inteligencias y entrenarlas con la totalidad de nuestro arsenal cultural, es inevitable que terminen produciendo ficciones propias, porque es literalmente lo que les estamos enseñando a hacer».
El recorrido por el Basement es la anatomía biográfica de ese satélite que aprende a fabular. La serie Known Surfaces (Superficies Conocidas) muestra impresionantes placas de radar de apertura sintética (SAR) de lugares como el Salar de Uyuni o las dunas del desierto del Namib. Son lo que Harun Farocki denominaría «imágenes operativas»: hitos geográficos hiperdocumentados que los satélites utilizan en su nacimiento para calibrarse. Para medir la realidad miden el paisaje, usándolo como espejo.
Más adelante, el error toma forma en Still Nothing, donde la mirada satelital se dirige a masas de tierra que persistieron en los mapas mercantes durante siglos bajo la forma de «islas fantasma», pero que nunca existieron. Aquí, el artista cruza la ficción cartográfica del pasado con la ficción de datos del presente. Esta especulación temporal concluye poéticamente con Searching For, donde la simulación ya no mira hacia atrás, sino que imagina los litorales y archipiélagos geológicos del futuro, actuando como la actividad onírica del propio sistema hiperventilado.

Vista de sala de “End of SIgnal” en Basement, SOLO CSV.
El sentido del SOLO AI Award '25.
La elección de Cezar Mocan para esta nueva edición del premio no es casual. Galardonado internacionalmente —incluyendo el prestigioso Lumen Prize en 2021 por Arcadia Inc.—, su obra encarna perfectamente la filosofía del SOLO AI Award: ir más allá del mero uso efectista de la Inteligencia Artificial para utilizarla como infraestructura cultural y material de disección crítica e histórica.
En un presente marcado por el ansia de automatizar certezas y empaquetar verdades de consumo rápido, End of Signal se erige como un alegato a favor de la duda metódica. Para Mocan, este proceso especulativo tiene, en el fondo, una intención humanizadora. «El ejercicio de habitar la perspectiva de un sistema tecnológico en mi cabeza es puramente racional. Estos sistemas no tienen el bagaje biológico que nos hace conectar de forma instintiva, visceral o emocional con el entorno natural», concluye el creador. «A través de la obra de arte, intento añadir esa dimensión afectiva que le falta a la máquina».
La exposición, un viaje desde la calibración de un ojo de silicio hasta su muerte deambulando sobre el Punto Nemo —el cementerio submarino de la chatarra espacial—, se abrió al público el pasado 11 de junio, consolidando el subsuelo de SOLO CSV como uno de los espacios más vibrantes y ambiciosos para el cruce entre el arte contemporáneo y la filosofía tecnológica actual.
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