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Llamar al buen tiempo

Bea Espejo analiza las tensiones que atraviesan el mundo del arte pero mira con esperanza una "llamada al buen tiempo".

Bea Espejo, periodista, escritora y comisaria. / OLOS.

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💆🏻‍♀️ Fuerzas de un mercado del arte cada vez más tensas. Ciudades convertidas en centros culturales. Ferias globales tratando de estetizar la idea de progreso. La difícil tarea de vivir del arte. El problema de la sostenibilidad de las bienales. La falta de independencia económica de los museos. La crítica de arte atascada en la escasez de medios. El turismo convertido en desastre universal…

¿Es el mundo del arte capaz de soportar sus propias contradicciones? El dilema no es nuevo, pero sí sintomático de los tiempos que corren, donde el sistema global, más allá del arte, ha entrado en colapso. Un sistema enloquecido que se sustenta, digamos, en cuatro grandes tiranías. Algunas son más visibles que otras.

Conocemos bien la tiranía del poder físico, por medio de todo tipo de violencia; también la de la violencia estructural y su consecuente desigualdad, y la tiranía del poder ideológico, o lo que es lo mismo: el dominio de cierta moral. La cuarta no es tan evidente: la tiranía del pensamiento lineal, esa que nos invita a pensar el mundo de manera secuencial y lógica, como una cadena de causas y consecuencias, por el que avanzamos en línea recta, racionalmente, ignorando los matices y las complejidades de las personas y las sociedades. Eso que nos hace singulares, únicos, divergentes. Ese poder de lo humano que se reclama desde la 36ª Bienal de Sâo Paulo, prevista para el próximo septiembre, de la mano del comisario Bonaventure Soh Bejeng Ndikung y bajo el título Da humanidade como práctica.  

🈲 Las líneas rectas no funcionan en el sistema del arte. Lo explica muy bien la artista Andrea Fraser en un reciente artículo publicado en e-flux. El pensamiento lineal solo aviva las contradicciones que, de por sí, tiene ya el sistema. Con un diagrama, la artista intenta poner orden a los diferentes trabajos en el arte, campos dependientes unos de otros, con sus propios valores y límites, salvo la política y la economía. Estos son: el mercado, las exposiciones, el mundo académico, las comunidades artísticas y el activismo cultural.

Hay un par de ecuaciones que ejemplifican muy bien el porqué de la tensión de la que hablaba y que tienen que ver, claro, con el capitalismo que parece invadirlo todo. A más poder, mayor presencia de las identidades dominantes establecidas. Élites universitarias versus movimientos sociales, mercados financieros frente a espacios autogestionados. A menos poder, mayor presencia de identidades dominadas, presuntamente jóvenes, aspiracionales. Centros culturales frente a mega museos, residencias para artistas frente a grandes ferias. De igual modo, a mayor capital económico, menos capital cultural. Y viceversa. El valor intelectual versus la legitimación del mercado.

👨‍🏫 Dice Fraser que, lejos de buscar polémica, este diagrama trata de dar sentido a un campo que no lo tiene. Funciona bien como mapa para ver dónde estamos en ese pedaleo en el aire de artistas, críticos, gestoras, comisarias, galeristas o directores de museo.

Cada vez que un campo de trabajo defiende su independencia, más se estira la tensión y más se oscurecen las condiciones básicas de trabajo. A mayor distancia entre unos y otras, más se amplifica la precariedad y más se secan las ideas. 

📚 📖 Justo releo estos días a Tillie Olsen y su luminoso ensayo titulado Silencios, editado por Las Afueras. El texto está basado en la conferencia de la autora en el Instituto Radcliffe, impartida en 1962, sobre la invisibilidad a la que se ven forzadas escritoras por su clase social, género o color de piel. Con cartas, dietarios, testimonios y su propia experiencia, Olsen escarba en las desventajas colectivas que hacen enmudecer a las autoras y bloquean la creación, dibujando una suerte de canon literario de los silenciados que revolucionaron los estudios literarios estadounidenses en los sesenta.

La escritora habla de estos silencios en clave política, reclamando todas esas voces que no tuvieron la oportunidad de emerger y resulta pasmoso comprobar lo contemporáneo que es leer este texto hoy y constatar cómo la raza, el género y la clase social (el siguiente gran tema del que hay que hablar) siguen siendo una desventaja frente al discurso hegemónico. 

El teru-teru bozu./ Imagen de muza-chan.net 

✍️ Escribe Olsen: “Sed críticas. Las mujeres tienen derecho a decir: eso es superficial, eso falsea la realidad, eso degrada”. Hago lo propio intentando dejar atrás los gestos que hacemos muchas mujeres al opinar, muchas veces encogidas, adoptando un tono menor, pasando de puntillas para “no molestar”, de los que tan escribe Marta Sanz en el prólogo del libro.

Hablo de manera honesta de llamar al buen tiempo, de pensar esta comunidad del arte como un lugar agradable y habitable, como un gran grupo de personas afines, con fricciones tal vez, pero no tensiones. Una comunidad a la que aferrarse, donde sentirse relajadas, donde decir cosas difíciles y donde divertirse más. En japón hay un amuleto para llamar al buen tiempo, el teru teru bozu.

Es un pequeño fantasmita que se cuelga de las ventanas para evitar las lluvias torrenciales. Adopto ese oráculo y tiro también de una de las máximas de Robert Bresson en Notas sobre el cinematógrafo, que siempre me abre una puerta: “desequilibrar para reequilibrar”. Tantas veces como sea necesario. 

⚡⚡⚡El Bloc de Notas lo protagoniza en este número Bea Espejo, crítica de arte y comisaria independiente. ⚡⚡⚡